Descripción
Memoria obra Cabal
Acrílico sobre cartón reciclado. Obra perteneciente al proyecto La Razón.
En esta obra represento a dos ángeles en actitud contemplativa, mirando hacia arriba, hacia una zona del cartón donde hay agujeros, partes deterioradas y marcas visibles del desgaste. La escena no incluye ninguna figura central religiosa ni narrativa externa: los ángeles están solos, en silencio, simplemente mirando lo roto.
Debajo de ellos, en la parte inferior de la obra, hay una peonza girando con total perfección. El contraste entre la peonza que representa algo que funciona, que se mantiene estable en su movimiento y el cartón deteriorado sobre el que gira toda la escena es parte central de la obra.
Lo que me interesa mostrar es que la perfección no siempre está en lo nuevo, en lo intacto o en lo impoluto, sino también en la convivencia de los opuestos: lo que gira con exactitud, con lo que está dañado. Lo que parece celestial, con lo que está marcado por el tiempo.
La superficie del cartón, con su forma redonda, remite a la idea de totalidad, de ciclo. Dentro de ese círculo hay imperfección, belleza, equilibrio y desgaste. Todo convive sin que uno anule al otro.
Cabal, al igual que el resto de las obras de este proyecto, parte de un gesto común: recuperar cartón descartado y convertirlo en soporte artístico u obra en sí mismo.
En La Razón, trabajo con cartón reciclado porque representa algo más que un material: es una metáfora de lo que muchas veces pasa con las personas, con las ideas o con los cuerpos. Se usan, se descartan. Y sin embargo, siguen teniendo valor que suele pasar desapercibido.
En esta obra el cartón no está disimulado. Los agujeros, marcas y deterioros son parte de la composición. Y justamente eso es lo que observan los ángeles. No están mirando al cielo, ni a una divinidad externa, están mirando lo roto. Como si el sentido, o la verdad, o la belleza, estuviera justamente en lo que se suele ignorar.
La peonza que gira abajo también es clave: representa lo que se mantiene estable en medio de lo frágil. No es un adorno. Es una muestra de que, incluso entre las marcas del tiempo, hay cosas que siguen funcionando, que no se caen, que giran con precisión.
Como en todas las obras del proyecto, una de las referencias simbólicas que sostienen el trabajo es el cuento de El patito feo, de Hans Christian Andersen.
La historia de alguien que fue rechazado, apartado y despreciado por no encajar, hasta que un día, sin haber cambiado su esencia, descubre su verdadero lugar y valor.
“Se dirigió entonces hacia ellos, con la cabeza baja, para hacerles ver que estaba dispuesto a morir. Y entonces vio su reflejo en el agua: el patito feo se había transformado en un soberbio cisne blanco…”
En Cabal, el cartón, con sus huecos, y la peonza girando dentro de esa escena, son ese cisne blanco. No por ser perfectos en sí, sino por haber sobrevivido a lo que los quiso convertir en descarte. Los ángeles no aparecen como figuras sagradas, sino como testigos del valor de lo frágil, de lo dañado que todavía sostiene sentido.
Cabal no busca dar una respuesta religiosa ni proponer una lectura cerrada. Lo que hace es invitar a mirar con atención lo que se suele pasar por alto: los agujeros, los restos, lo que no está bien a simple vista. Y también a reconocer que, incluso ahí, puede haber equilibrio, belleza, valor y presencia. Porque lo roto también puede formar parte de lo completo. Y porque a veces lo más preciso, como el giro de una peonza, se sostiene justamente en medio de lo imperfecto.


