Jesucristo

70 x 50 x 3 cm

Óleo sobre  cartón ensamblado.

Descripción

Memoria Obra: Jesucristo

Esta obra forma parte de la colección Retrato La Razón, y retrata la figura de Jesucristo, no desde una postura religiosa o dogmática, sino desde una perspectiva simbólica y humana. No intento aquí representar al Cristo divino, sino al hombre que, según múltiples relatos y tradiciones, dedicó su vida a los marginados, los enfermos, los rechazados, acercándose a quienes el mundo no quería tocar.

Jesús según lo que narran diversas fuentes no predicaba desde los templos, sino desde las calles, los desiertos, las casas humildes. Se acercaba a personas con lepra, a prostitutas, a recaudadores odiados, a criminales. No les ofrecía juicio, sino palabra, gesto y presencia. No los hacía sentir inferiores; les devolvía dignidad. Y fue justamente por decir su verdad, por incomodar a los poderosos, por desafiar el orden establecido, que fue rechazado, traicionado, abandonado y condenado. Su cuerpo, según se cuenta, fue torturado, colgado, expuesto, crucificado. No lo mataron por hacer milagros, sino por mirar a los ojos a los que nadie miraba. No murió como castigo divino, sino como consecuencia de haber vivido demasiado cerca de lo humano.

La imagen que presento no es la del Cristo glorioso, sino la del Jesús, vulnerable, humano. Un hombre marcado por la entrega. Frágil como el cartón que uso como soporte: arrugado, pisado, descartado… pero aún ahí, con presencia.

El renacer y sus interpretaciones

Uno de los elementos más potentes del relato sobre Jesús es el de su resurrección. Y esta memoria no busca imponer una única lectura, sino presentar las distintas formas en que este hecho ha sido entendido, para que cada persona lo interprete desde su propia mirada:

Desde la fe cristiana, se afirma que Jesús resucitó en cuerpo y alma, como acto divino y fundamento espiritual. Desde una visión más simbólica o humanista, se ha dicho que su renacer no fue físico, sino metafórico: que vive en la memoria colectiva, en los gestos de amor que inspiró, en la ética del cuidado que sembró. Que sigue presente en cada persona que, al igual que él, se acerca a quienes fueron descartados por el sistema. Ambas interpretaciones conviven aquí sin conflicto. Porque lo esencial es la idea de renacer después del rechazo. De encontrar vida donde el mundo solo ve muerte. De seguir existiendo, incluso cuando todo parece perdido.

Jesús y el proyecto La Razón

La Razón es un proyecto artístico que nace como respuesta a los modelos dominantes que han definido qué es lo perfecto, lo aceptable, lo digno de ser visto. Nos enseñaron a admirar lo ideal, lo fuerte, lo pulido. Y a ignorar lo frágil, lo que no encaja, lo que se muestra herido o incompleto.

En este proyecto, el cartón reciclado se convierte en un símbolo esencial. Un material que fue útil, pero que una vez usado, es desechado. Yo lo recojo del abandono. Lo rasgo. Lo transformo en superficie expresiva. Porque el cartón, como tantas personas, aún tiene algo que decir, incluso cuando la sociedad ya no lo quiere escuchar.

El cuento de “El patito feo”, de Hans Christian Andersen, atraviesa el alma de este proyecto. Ese ser distinto, burlado, excluido… que creció creyendo que su diferencia era un defecto. Hasta que un día se ve reflejado y descubre que no era feo: era un cisne. No cambió lo que era, cambió la forma de verse. Y eso lo transformó todo.

Jesús, como figura humana o como símbolo espiritual, encarna ese mismo relato.

  • Fue despreciado por no parecer lo que debía parecer.
  • Fue rechazado por acercarse a quienes todos evitaban.
  • Fue herido por mostrar una verdad que muchos no querían ver.

Y sin embargo, renació. Sea como milagro o como metáfora, volvió a ser presencia viva. Y su historia sigue resonando como testimonio de que lo descartado puede ser centro, que lo herido puede sanar, que lo invisible puede volver a ser visto. Y entonces, como al final del cuento:

“Se dirigió entonces hacia ellos, con la cabeza baja, para hacerles ver que estaba dispuesto a morir. Y entonces vio su reflejo en el agua: el patito feo se había transformado en un soberbio cisne blanco…”