El albor III
80 x 75 x 8 cm
4,000 kilos
Técnica mixta donde interviene la piedra, rama de higuera,soga de yute
Descripción
Memoria de obra: El Albor III
El Albor III forma parte de la colección Naturaleza I, una serie en la que exploro la fusión entre arte, naturaleza y experiencia humana. Esta obra está construida a partir de piedras naturales recogidas directamente del entorno y ramas de higuera y olivo, dos especies profundamente ligadas a la historia y al paisaje mediterráneo. Las piedras están entrelazadas y atadas entre sí por medio de las ramas, generando una superficie cargada de tensión, equilibrio y simbolismo.
El Albor III conmemora los primeros momentos de la existencia humana: cuando el ser humano empezó a interactuar con la naturaleza no solo como parte de ella, sino también como agente transformador. Esta pieza remite a los utensilios y herramientas prehistóricas, a los primeros gestos tecnológicos, cuando las manos descubrieron el poder de unir, sujetar, construir.
El título Albor alude al origen, al inicio, al despertar. Esta obra es una evocación de ese amanecer de la consciencia humana, cuando lo más simple una piedra, una rama se convertía en prolongación del cuerpo, en idea, en invención.
Concepto
Esta obra nace del deseo de dar valor a lo sencillo, a lo que muchas veces no vemos: fragmentos de la naturaleza que ignoramos en nuestro día a día, pero que, al ser trasladados a un espacio creativo, se resignifican y cobran fuerza y otro sentido. No hay intervención costosa, ni materiales lujosos: el protagonismo proviene de la tierra, y así se presenta.
En El Albor III esa sencillez es también profundidad. Las piedras mantienen su forma original; no han sido pulidas ni talladas. Las ramas de higuera y olivo conservan su textura, sus curvaturas naturales, su memoria vegetal. El proceso de unión entre piedra y madera no es decorativo, sino estructural: recuerda al primer intento de construir una herramienta, un refugio, una señal.
La obra establece un puente entre el pasado más remoto y el presente: nos recuerda que, antes de toda tecnología, hubo un tiempo en que el ser humano era plenamente tierra, plenamente animal, pero también plenamente consciente. Ese instante es el que revive El Albor III. A menudo nos creemos ajenos a la naturaleza, separados por la vida urbana, la tecnología o las rutinas. Sin embargo, somos naturaleza. Formamos parte de ese mismo ciclo que transforma la materia, la descompone y la regenera. Mientras estamos vivos, rara vez nos pensamos como cuerpo natural. Pero al morir, volvemos inevitablemente a ser tierra.
Como dice aquel antiguo texto:
“Polvo eres, y en polvo te convertirás.”
Esa frase encierra una verdad profunda: no estamos fuera del paisaje, lo habitamos… y lo somos. También hay una lectura emocional: así como estos materiales parecían olvidados o sin valor en su entorno original, muchas veces nosotros mismos podemos sentirnos inservibles o invisibles en ciertos momentos de la vida. Sin embargo, cuando atravesamos esas etapas difíciles, salimos transformados, más fuertes y con un nuevo sentido. En esta obra, lo aparentemente intrascendente se convierte en arte; y lo descartado se vuelve símbolo.
El Albor III es, en definitiva, una obra que habla del principio: del vínculo entre cuerpo y tierra, entre forma y función, entre supervivencia y creación. Una memoria visual de la humanidad cuando aún era paisaje… y el paisaje era hogar.
