El paso del tiempo

50 x 107 x 8 cm

28 x 47 x 8 cm

15 x 39 x 8 cm

10 x 78 x 8 cm

5,000 kilos

Técnica mixta sobre caña.

Descripción

Memoria de obra: El paso del tiempo

El paso del tiempo forma parte de la colección Naturaleza III, una serie en la que exploro la fusión entre arte, naturaleza y experiencia humana. Esta obra está compuesta por cuatro elementos tridimensionales construidos con cañas naturales, trabajadas cuidadosamente en capas y recubiertas con resina para darles volumen, forma y estructura. El color marrón dominante, profundo, envejecido, terroso, refuerza visualmente la idea del tiempo acumulado, del rastro que deja lo vivido. Las cañas, dispuestas en una dirección que sugiere continuidad, marcan un flujo silencioso, constante, como el propio paso del tiempo.

Aunque está hecha de materia inerte, esta pieza parece moverse, avanzar. Sin embargo, su verdadero movimiento es simbólico: es el reflejo de un tiempo que pasa sin que lo notemos. Un tiempo que se acumula en el cuerpo, en la tierra, en los objetos… y que muchas veces solo percibimos cuando ya ha pasado.

Concepto

Esta obra nace del deseo de dar valor a lo sencillo, a lo que muchas veces no vemos: fragmentos de la naturaleza que ignoramos en nuestro día a día, pero que, al ser trasladados a un espacio creativo, se resignifican y cobran fuerza y otro sentido. No hay intervención costosa, ni materiales lujosos: el protagonismo proviene de la tierra, y así se presenta.

En El paso del tiempo, la materia natural, las cañas, se convierte en símbolo del devenir. Su disposición direccional sugiere avance, tránsito, continuidad. La resina que las recubre fija ese movimiento, lo congela, haciendo visible lo invisible: el tiempo detenido en forma. El color marrón, con su carga simbólica de madurez, envejecimiento y memoria, profundiza este relato visual.

Esta obra es también un recordatorio. Vivimos atrapados en las rutinas y las exigencias de la vida contemporánea, sin darnos cuenta de que el tiempo está pasando. No lo vemos, pero lo sentimos. Y cada segundo cuenta. El paso del tiempo no busca detenerlo, sino señalarlo: hacernos conscientes de su presencia silenciosa y constante. Es un llamado a habitar el presente, a prestar atención, a no postergar la vida.

A menudo nos creemos ajenos a la naturaleza, separados por la vida urbana, la tecnología o las rutinas. Sin embargo, somos naturaleza. Formamos parte de ese mismo ciclo que transforma la materia, la descompone y la regenera. Mientras estamos vivos, rara vez nos pensamos como cuerpo natural. Pero al morir, volvemos inevitablemente a ser tierra.

Como dice aquel antiguo texto:

“Polvo eres, y en polvo te convertirás.”

Esa frase encierra una verdad profunda: no estamos fuera del paisaje, lo habitamos… y lo somos.

También hay una lectura emocional: así como estos materiales parecían olvidados o sin valor en su entorno original, muchas veces nosotros mismos podemos sentirnos inservibles o invisibles en ciertos momentos de la vida. Sin embargo, cuando atravesamos esas etapas difíciles, salimos transformados, más fuertes y con un nuevo sentido. En esta obra, lo aparentemente intrascendente se convierte en arte; y lo descartado se vuelve símbolo.

El paso del tiempo es, en definitiva, una reflexión sobre la fugacidad de la vida, la belleza de lo simple y la necesidad de estar presentes. Una obra que transforma el paisaje natural en memoria visual, y la materia en una advertencia poética: el tiempo no se ve, pero nos atraviesa.