Platón

153 x 79 x 4,5 cm

Óleo sobre cartón.

Descripción

Platón: Obra origen del proyecto: La Razón

Esta obra marca el inicio del proyecto La Razón. La titulé Platón porque desde el principio quise reflexionar sobre cómo los modelos filosóficos que hemos heredado especialmente los vinculados a la idea de perfección siguen condicionando nuestra forma de mirar el mundo, el cuerpo y a nosotros mismos.

Tomé como referencia visual la figura de Platón en La Escuela de Atenas, de Rafael, una imagen icónica del pensamiento clásico. En esa pintura, Platón aparece señalando hacia el cielo, como símbolo de su teoría de las ideas: una filosofía que planteaba que la verdadera realidad está en un mundo perfecto e inmutable, al que solo se accede mediante la razón. Lo material, lo sensible, lo corporal, serían solo copias imperfectas de esa verdad superior.

En mi obra, reinterpreto esa postura: utilicé mi propio cuerpo como modelo, pero el gesto cambia. El dedo, en lugar de señalar con firmeza hacia el cielo, aparece curvado, sin fuerza. Para mí, ese pequeño cambio es clave: simboliza la fragilidad de esa supuesta verdad absoluta. No todo lo que se presenta como ideal lo es. No todo lo que se ha defendido como perfecto nos hace bien.

En la escena incluyo otros elementos simbólicos: una manzana y una zanahoria pisada.

La manzana hace referencia directa al relato bíblico de Adán y Eva, donde morderla representa la desobediencia, el pecado original y la entrada del ser humano al conocimiento del bien y el mal. Aquí, la manzana es símbolo de culpa, de traición a los ideales platónicos. Según esa lógica, morder la manzana perfecta la vuelve imperfecta, y quien la muerde deja de ser digno de esa supuesta perfección. Esa tensión entre lo ideal y lo humano es central en la obra.

Por otro lado, la zanahoria pisada bajo el pie de Platón remite a la visión, ya que está científicamente asociada a la mejora de la vista. Platón, al pisarla, bloquea la posibilidad de ver con claridad, como metáfora de cómo sus ideas sobre la perfección han terminado nublando otras formas de percibir lo bello, lo valioso, lo verdadero.

Vivimos bajo la influencia de modelos que nos dicen cómo debe ser un cuerpo perfecto, cómo debemos amar, comportarnos o vivir. Pero ¿quién decide qué es lo perfecto? ¿Por qué aceptamos que lo real tiene menos valor que lo ideal? La obra Platón es mi respuesta a esas preguntas.

La obra está realizada en óleo sobre cartón reciclado, un material que recojo en desuso, abandonado tras cumplir su función. El cartón lo utilizo tanto como soporte técnico como elemento artístico en sí mismo. Lo rasgo intencionalmente para generar texturas, volúmenes y sombras. Para mí, ese rasgado no es solo un recurso visual: es una metáfora. Lo que otros consideran deterioro o imperfección, yo lo convierto en expresión, en valor, en posibilidad.

La verdadera perfección está en lo rasgado, en lo que ha sido dejado atrás, en lo que conserva sus marcas.

A partir de esta obra surgió La Razón, un proyecto más amplio que cuestiona los modelos de pensamiento heredados especialmente aquellos que nos han hecho ver lo imperfecto como carencia, lo diferente como error, lo frágil como debilidad.

El cartón reciclado es el material base de este proyecto. Un material cotidiano, que solemos ignorar o desechar, pero que posee una gran carga simbólica: fue útil, tuvo una función, pero una vez cumplida, se vuelve prescindible. Lo recojo del abandono, y mediante la técnica del rasgado y la pintura, lo transformo en una superficie expresiva.

Lo que me interesa del cartón no es solo su textura o color, sino lo que representa:

Lo rechazado. Lo que ya no sirve. Lo que ha sido invisibilizado por no encajar en un ideal.

Una referencia clave que sostiene este proyecto es el cuento de El patito feo, de Hans Christian Andersen. La historia del que no encajaba, del que fue burlado y apartado, pero que finalmente se transforma y reconoce su verdadera belleza. Hay un fragmento que me acompaña desde que empecé a trabajar en esta línea:

“Se dirigió entonces hacia ellos, con la cabeza baja, para hacerles ver que estaba dispuesto a morir. Y entonces vio su reflejo en el agua: el patito feo se había transformado en un soberbio cisne blanco…”

Esta cita resume el corazón del proyecto: la posibilidad de renacer desde lo que fue considerado débil, inadecuado o invisible. Así como el cisne emerge del patito rechazado, y el cartón se convierte en obra, también nosotros personas podemos transformarnos y recuperar nuestro valor, incluso después de las etapas más oscuras.

La Razón propone mirar con otros ojos. Romper con lo impuesto. Y rescatar el valor oculto en aquello que el mundo ha decidido no ver. Porque la verdadera perfección no se encuentra en lo ideal. Sino en lo que ha sido transformado, en lo que ha sobrevivido, en lo que ha aprendido a vivir con sus propias cicatrices. Como un trozo de cartón rasgado. Como un patito que todavía no ha visto su reflejo.