Los colores de la naturaleza
87 x 127 x 4 cm
8,000 kilos
Técnica mixta sobre caña.
Descripción
Memoria de obra: Los colores de la naturaleza
Los colores de la naturaleza, forma parte de la colección Naturaleza III, una serie en la que exploro la fusión entre arte, naturaleza y experiencia humana. Esta obra está construida sobre cañas naturales, tratadas y ensambladas como soporte vivo, y cubiertas con volumen de resina que aporta cuerpo, textura y profundidad. Sobre esta base orgánica se despliega una composición pictórica abstracta, donde diversos colores vibrantes conviven sin jerarquía ni forma reconocible. No se trata de un paisaje tradicional, sino de una evocación libre: un paisaje abstracto, emocional y simbólico, que refleja la variedad infinita que habita en la naturaleza.
El uso del color en esta obra es central. Cada tonalidad representa una parte del todo: la tierra, la vegetación, los minerales, los cielos cambiantes… y también a nosotros, los seres humanos. Porque así como la naturaleza se compone de múltiples formas y tonos, también lo hacen los cuerpos humanos: de diferentes etnias, culturas, y orígenes. En esta obra, el color del ser humano es también color de la naturaleza.
Concepto
Esta obra nace del deseo de dar valor a lo sencillo, a lo que muchas veces no vemos: fragmentos de la naturaleza que ignoramos en nuestro día a día, pero que, al ser trasladados a un espacio creativo, se resignifican y cobran fuerza y otro sentido. No hay intervención costosa, ni materiales lujosos: el protagonismo proviene de la tierra, y así se presenta.
En Los colores de la naturaleza, esa resignificación se da a través del color y de la abstracción. La obra no describe un paisaje concreto, sino que propone una lectura sensorial, abierta, donde el espectador puede ver múltiples referencias naturales: la diversidad del entorno, la variedad de ecosistemas, y también la pluralidad humana. Todo está ahí, mezclado, superpuesto, integrado.
La caña, como en otras obras de esta colección, representa el vínculo con lo natural, lo simple, lo resistente. La resina le da forma, cuerpo y permanencia. Pero en esta obra, la materia orgánica se vuelve soporte para el color, para lo simbólico. El mensaje es claro: la naturaleza no tiene un solo color, ni una sola forma. Es diversidad, mezcla, coexistencia.
Y el ser humano, aunque muchas veces actúe como si estuviera fuera de ella también es parte de esa mezcla. Nuestros cuerpos, nuestras pieles, nuestros rostros… son también paisaje.
A menudo nos creemos ajenos a la naturaleza, separados por la vida urbana, la tecnología o las rutinas. Sin embargo, somos naturaleza. Formamos parte de ese mismo ciclo que transforma la materia, la descompone y la regenera. Mientras estamos vivos, rara vez nos pensamos como cuerpo natural. Pero al morir, volvemos inevitablemente a ser tierra.
Como dice aquel antiguo texto:
“Polvo eres, y en polvo te convertirás.”
Y podríamos decir también:
“Color eres, y al color volverás.”
También hay una lectura emocional: así como estos materiales parecían olvidados o sin valor en su entorno original, muchas veces nosotros mismos podemos sentirnos inservibles o invisibles en ciertos momentos de la vida. Sin embargo, cuando atravesamos esas etapas difíciles, salimos transformados, más fuertes y con un nuevo sentido. En esta obra, lo aparentemente intrascendente se convierte en arte; y lo descartado se vuelve símbolo.
Los colores de la naturaleza es, en definitiva, una celebración de la diversidad, una obra que nos recuerda que lo natural no es uniforme, ni predecible. Es cambiante, rica, múltiple. Como el mundo. Como nosotros.



